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Nueva lectura del organicismo – Primera parte: El dualismo de la conciencia y el universo

En esta serie de tres artículos se explora la relación entre Conciencia, Vida, Materia, Mecánica Cuántica y Dios, desde la perspectiva de una nueva lectura del organicismo, la teoría filosófica que afirma que el universo tiene la estructura de un organismo.

Por Wilmer Díaz

Introducción: Chitta

Los yoguis hindúes denominan Chitta a la conciencia individual en sentido general y sus actividades conscientes e inconscientes. Básicamente es una sola conciencia que se compone de cinco estados, o formas, pero que se reducen dos principales, consciente e inconsciente. Chitta-Vritti es la parte consciente, la “conciencia despierta” o de la vigilia, que se haya “sometida a las modificaciones”; en ella lo “objetivo” es aquello que es observable, mensurable, racional. Mientras que la parte inconsciente llega a tener hasta cuatro formas, siendo una de estas Anukarana Chitta o “mente sub-superconsciente”, que trabaja a través de los estados conscientes e inconscientes, y que da a luz la intuición, la claridad y la comprensión. (Drenikoff-Andhi, págs. 44 y 108. Ref. Yoga Sutra de Patanjali, siglo II a,c.).

Aún cuando Chitta y sus estados son nociones particularmente complejas desde la perspectiva de la psicología occidental, se pueden comparar con lo que entendemos como consciente e inconsciente (no precisamente desde la perspectiva del psicoanálisis), donde lo primero corresponde a la superficie del aparato psíquico, que es adonde llega toda representación externa, y lo segundo a lo profundo del mismo aparato. Consciente e inconsciente es el doble aspecto de una consciencia única que en el plano físico de la gente común se ha separado. Es decir que, mientras estamos vivos, nuestra conciencia humana constituye una dualidad, consciente-inconsciente, casi siempre con un predominio de la primera sobre la segunda. En los yoguis, en cambio, Chitta se haya unificada, lo que es reflejo de un estado de liberación que produce la práctica del Yoga. La palabra Yoga proviene de raíz indoeuropea Yug que significa unión, dominio. Yoga, pues, es unión, la unión de la conciencia individual con la conciencia universal.

Anukarana Chitta se asemeja a la conciencia espiritual, o alma, de Platón, que intuye, que “recuerda”, y que nos proporciona la episteme, es decir, el “conocimiento verdadero”, (la «vía de la verdad» de Parménides), que es opuesto a la doxa, «vía de la opinión», que es un conocimiento fenoménico y, en consecuencia, engañoso, que en alguna parte falla o tiene contrasentido. Episteme es algo así como la “verdad espiritual” vivida y sentida por el filósofo o el yogui, y la Doxa es como la “verdad abstracta”, intelectual, fundada en conceptos, teorías, que se construyen de acuerdo al conocimiento racional del mundo exterior. Demócrito de Abdera, el creador del Atomismo griego, decía que hay dos formas de conocimiento, el “Genuino” y el “Tenebroso”, de modo que este último conoce por los cinco sentidos, pero cuando éstos llegan a su límite,“sobreviene el conocimiento Genuino, poseedor de muy más sutil instrumento: el entender” (García, pág. 327).

Consciente e Inconsciente

Inferimos entonces que consciente e inconsciente determinan dos formas de intelección, de comprensión. Por un lado existe la mente consciente, o conciencia sensorial, que reconoce por los sentidos, y posee inteligencia racional y lógica; por el otro existe la mente inconsciente, que reconoce “extrasensorialmente”, y posee inteligencia intuitiva, no racional. En otras palabras, mientras la mente consciente está en relación con el mundo visible, físico, concreto y posee inteligencia racional, la mente inconsciente se haya en relación con el mundo invisible, metafísico (que bien puede ser el mundo numinoso o el mundo cuántico) y posee inteligencia no racional.

La mayor tendencia de la mente consciente determinará la inteligencia concreta, lógica, científica, materialista, mecanicista, reduccionista, dualista. Pero, por si sola, tiene un conocimiento parcial e incompleto, porqué está adecuada al mundo físico y sensible.

La mayor tendencia de la mente inconsciente determinará la inteligencia intuitiva, holística, espiritual, mágica, religiosa, artística, no racional. Pero, por si sola, igualmente tiene un conocimiento parcial e incompleto, porqué está adecuada al mundo metafísico o numinoso.

Nuestras tendencias Conscientes o Inconscientes condicionan nuestras perspectivas de la realidad. La realidad del Universo es Una sola, pero se presenta de forma dual, física o metafísica, (o ambos) ante nosotros los observadores, porque nuestra consciencia es dual: consciente e inconsciente, (a pesar de que en realidad es también una sola consciencia). Mientras que en la parte consciente priva la racionalidad, en la otra predomina la “irracionalidad” (desde la perspectiva de la racionalidad). De este modo, el universo es tanto racional como irracional, dependiendo del cristal mental con que se le mire.

En el hombre, la razón está en relación con la consciencia, y desde esta examina lo físico, lo material. Mientras que lo “irracional” está en relación con la mente inconsciente, y desde esta intuye lo metafísico, la esencia que está detrás de la materialidad, lo que está más allá de la razón, lo espiritual. De esta suerte, para la mente consciente racional, la realidad es más mecánica que orgánica. Y desde la perspectiva holística, de nuestro inconsciente, la realidad es un todo continuo orgánico, más que mecánico.

En otras palabras, desde la perspectiva racional-consciente el Universo es “mecánico”, sometido a las estrictas y lógicas leyes humanas, de carácter físico-químico y matemático. Y desde la visión holística-inconsciente el universo es “orgánico”, es decir, viviente, inteligente, consciente y espiritual. El llamado grabado de Flammarion, (abajo) hecho por un artista desconocido, puede ilustrar esta tesis.

flammarion

Puede verse que el hombre se halla en medio de dos dimensiones de la realidad, (la realidad siempre va a depender del hombre, el ser ontológico por antonomasia). Por un lado el mundo es orgánico, viviente, simbolizado por el sol y la luna antropomórficos, lo que quiere decir que los astros, el espacio, nuestro planeta, el suelo, la vegetación, y los humanos son todos seres vivos, pertenecientes a un Todo Orgánico. Y por el otro observa un mundo mecánico, abstracto, la “mecánica celeste” (simbolizada por las ruedas que se asemejan a los engranajes internos de un reloj) en cuyo seno residen los modelos geométricos y matemáticos que soportan al universo visible. La realidad es una sola, pero dependiendo del enfoque humano, consciente o inconsciente, puede ser mecánica u orgánica, física o metafísica, racional o irracional.

Desde la perspectiva inconsciente vivimos como células, por decirlo así, dentro del cuerpo del Universo, que es una totalidad continua, Orgánica, (en el amplio sentido de orgánico, como íntegro y viviente), pero para el hombre consciente-racional, es una realidad “doble”, discontinua, mecánica y orgánica.

El hombre normal, con su consciencia, sus sentidos y su razón, transforma lo continuo en discontinuo, divide lo que en la naturaleza está unido como una misma cosa. Por ejemplo, para la consciencia racional existen realidades separadas como espíritu y materia, física y metafísica, vida y consciencia, orgánico e inorgánico, tiempo y espacio, etc. porque está conectada, solamente, con la materialidad, la mecanicidad, la piel superficial de las cosas. Su única referencia de la realidad es lo físico, lo visible, lo material. Desde esta perspectiva “objetiviza”, “racionaliza” la realidad, organiza el conocimiento en su mente, pero tiende a ver, unilateralmente, sólo el lado mecanicista de la realidad. Con su razón, el hombre se separa de la propia realidad, y la fragmenta, la contradice; por tanto no la comprende holísticamente en su unidimensionalidad. La realidad depende del realismo racionalista. Pero más allá del hombre y su racionalidad, el Universo es único, y no le importa esta separatividad que hace la mente humana.

Este fenómeno se debe a que, en el transcurso de la historia, la filosofía fue “madurando”, se hizo más racional, junto con la evolución de la ciencia, y este racionalismo determinó la corriente dominante que hoy conocemos como mecanicismo; la cual, como ideología materialista, impera en la ciencia y en la técnica. Así, la concepción organicista quedó en el pasado, relegada y sustituida por la lógica y el materialismo científico. De acuerdo al punto de vista mecanicista, el organicismo es una fantasía natural de la infancia de la ciencia, como lo expresa el psicólogo alemán O. Külpe, creador del “realismo crítico”: “La misma posición es la del niño, que, sobre la base de una analogía ingenua, personifica todas las cosas considerándolas como vivas”.

Física Cuántica

Para el científico, esta perspectiva puede parecer irracional y efectivamente lo es, porqué la cognición de la mente holística inconsciente es distinta a la de la mente racional consciente. Pero se trata de otra racionalidad, que es “irracional” desde el punto de vista de la mente lógica. Un fenómeno puede ser racional, como “irracional”, dependiendo del cristal mental con que se mire, pero no significa que no sea real y verdadero. Por ejemplo, ¿Qué más irracional, en el mundo cuántico, que los fenómenos de incertidumbre, superposiciones, saltos y entrelazamientos, que rigen la dinámica de los átomos? ¿Qué más irracional que el mundo numinoso, del “más allá”, de los mitos y religiones, que rigen la vida y creencias de místicos y de millones de devotos? Ya sea desde la observación y análisis científico, o desde el pensamiento mágico, estos fenómenos son irracionales, pero reales y verdaderos. Una creencia, un pensamiento, un dolor o un sueño, son tan reales como el cuerpo que los tiene, tanto como el espacio es tan real como un planeta.

Al margen del hombre, en la naturaleza no existe, por ejemplo, la división espacio-tiempo, la relatividad del tiempo, o comportamientos “irracionales” o “azarosos”, como que una partícula puede estar en muchos lugares al mismo tiempo (fenómeno llamado superposición cuántica). Para una partícula atómica el tiempo del universo es un único y eterno presente; es el subjetivo observador humano y su memoria el que fracciona espacio-tiempo, y pasado, presente y futuro. La partícula puede ser ubicua pero la mente racional no. Asimismo, conocemos de la “energía oscura” y de la “materia oscura”, (materia no másica) pero no alcanzamos a comprenderlas en profundidad. O sea que nos está dado conocer y comprender a la materia másica normal, pero nos está vedado comprender la naturaleza de la materia no másica. De esta última solo hay interpretaciones instrumentales científicas, a las que se les asignan propiedades matemáticas. Son realidades muy abstractas que la mente humana no alcanza a comprender. La “irracionalidad”, “singularidad” o la “incertidumbre” que suscitan ciertos fenómenos, obedecen a nuestra limitada razón, en su interacción con los complejos y misteriosos procesos de la naturaleza. Como dice una conocida cita de J B. Haldane: “El universo no solo es más extraño de lo que imaginamos, sino más extraño de lo que podemos imaginar”. O como también afirma Lincoln Barnet:

En la evolución del pensamiento científico un hecho ha llegado a tener una claridad impresionante: no hay misterio del mundo físico que no conduzca a otro misterio que lo sobrepase. Todas las rutas del intelecto, todas los caminos de la teoría y de la hipótesis conducen, en última instancia, a un abismo que la ingeniosidad humana no puede traspasar (Drenikoff-Andhi, pág. 11).

La ciencia es una invención del hombre, hecha con su razón, a partir de la ciencia original que está en la naturaleza. Así que no puede el científico con su sola racionalidad pretender comprender la plena inteligencia de la naturaleza. Ella contiene también aspectos irracionales, mágicos, metafísicos y numinosos, que están fuera de la comprensión racional humana. No se puede perder de vista el hecho de que la creación del universo y ciertos fenómenos como la “materia oscura”, antes de ser “racionales”, gracias a las explicaciones científicas, son “mágicos”, en el sentido de que se originan en órdenes o realidades misteriosas, “singularidades”, que intuimos, pero que no comprendemos totalmente.

La racionalidad, sea científica, filosófica, o simplemente del sentido común de la gente normal, sepulta, esconde, niega sub-realidades porque no se ven, porque no son lógicas, pero que están allí, omnipresentes, camuflajeadas, y que solo pueden ser deducibles por el “sentido común” de la mente inconsciente, o a partir de exploraciones profundas como las que realiza la mecánica cuántica. Como opinan dos físicos cuánticos, respectivamente, Fred A. Wolf y Dean Rudin, en el documental “¿Y ahora tú qué sabes?” (“¿What the Bleep do we know?”, 2006):

“La principal y más importante idea que supone la física cuántica, -que nos hace entenderla y pensar en este nuevo paradigma- es que hay este “Subterráneo”; es decir, tiene que haber un campo de existencia que nunca podrá ser tocado o visto, y que borbotea hacia la existencia, creando nuestro entendimiento del mundo”.

“La física clásica y la mecánica cuántica presentan dos formas muy diferentes acerca de cómo funciona el mundo. Desde una perspectiva clásica somos maquinas, y en una maquina no hay espacio para una experiencia consciente…si el mundo es de esa forma, la gente se comportara de esa forma. Pero hay otra forma de pensar el mundo. Está dirigido por la mecánica cuántica que sugiere que el mundo no es como un reloj, sino más bien un organismo, algo altamente interconectado organisticamente, y que se extiende en el tiempo y el espacio”.

Desde la visión holística-inconsciente del filósofo místico, y también desde la visión holística-inconsciente del físico teórico, debajo de la materialidad se encuentra una “organicidad implícita” (del mismo modo que existe una en nuestros cuerpos), que interconecta a todo el Universo, como un cuerpo viviente y consciente, donde la energía-materia misma es orgánica .Desde esta perspectiva, la vida biológica como la conocemos, no es más que un subproceso de la organicidad cósmica. La vida viene de la vida, de un campo de vida-consciencia universal que permea todas las cosas. La vida-consciencia del hombre es una extensión de la vida-consciencia del universo.

A la pregunta racional-científica “¿Cómo, o de qué modo, lo inorgánico se hizo orgánico y consciente?” la respuesta holista es “El universo siempre ha sido orgánico y consciente. Es decir, la vida-consciencia siempre ha existido por sí misma y es esto lo que constituye el verdadero y único misterio. El universo, los astros y los seres vivos tienen un origen común en la Organicidad Implícita del universo mismo. Esta organicidad se transforma y evoluciona desde cuerpos cosmológicos hacia cuerpos biológicos. La evolución darwiniana no es más que un sub proceso, una diversificación en nuestra biosfera, de la evolución de la totalidad orgánica del universo”.

En suma, vivimos en este universo físico, del cual estamos racionalmente conscientes, y el que la ciencia nos explica. Pero al mismo tiempo vivimos en la metafísica de su “campo de vida-consciencia”, en su misterio, en su “irracionalidad”, en su magia, con cosas y aspectos que están más allá de nuestra limitada capacidad de percepción, limitada consciencia racional, y limitada capacidad humana de comprensión.

Para comprender toda la realidad Única, -que aparentan ser dos mundos, físico y metafísico-, se requiere que ambos estados mentales, consciente e inconsciente, estén unificados en nuestra mente, o por lo menos intelectualmente conscientes y equilibrados. Aquello que se acerca a la objetividad es lo que se examina con mente unificada, en lo que los hindúes llaman mente sub-superconsciente, Anukarana Chitta, que trabaja a través de los estados conscientes e inconscientes. Es decir, en una unión o complementariedad entre la inteligencia racional y la inteligencia mágica y holística. Tal era el ideal de sabiduría de los antiguos filósofos chinos, hindúes y griegos. De acuerdo con Madeleine Biardeau:

«Para el pensador indio no hay, en efecto, dos órdenes de conocimiento, sino más bien dos dominios diferentes, el visible y el invisible, para los cuales dispone de dos medios de comunicación igualmente aceptados; la percepción y la revelación” (El pensamiento prefilosófico oriental, Londres, 1997, citada por José Arlés Gómez, pág. 7)..

Se da el caso, por ejemplo, que algunos filósofos académicos de hoy explican a filósofos griegos como Empédocles, Parménides, Demócrito, Heráclito, o Pitágoras, desde una mera perspectiva racional, y soslayan por irracional algunos de sus postulados, pero sin considerar que éstos poseían un conocimiento de origen mágico e incluso eran magos practicantes, de suerte que muchos de sus afirmaciones provenían de la irracionalidad de la magia, del mito, de hallazgos místicos en otras dimensiones y de otros niveles de consciencia. Como afirma el investigador R.J. Stewart:

El punto de vista de los antiguos era coherente, orgánico, y totalizador. No existía una compartimentación o separación rígida del mito, la astronomía, la cosmología, intuición mística, la magia y la religión. Esta unificación no implica un estado de subdesarrollo de consciencia mental por parte de nuestros antepasados, sino de una forma de pensar y de vivir acordes con ciclos y valores totalmente distintos de los nuestros (R.J. Stewart, “Los Mitos de la Creación”, 1989).

La inteligencia no era, pues, unilateral y preponderantemente racional, emocional, visceral o mágica. Era integral, orgánica, como el universo, que es único y no dividido, como la naturaleza cognitiva humana o las categorías del conocimiento humano.

Hoy por hoy, el ser humano civilizado se considera intelectualmente más claro, en proporción al incremento evolutivo de su razón y de la ciencia misma; pero, inversamente, el pensamiento mágico ha ido disminuyendo, por no decir involucionando, sometido como está el hombre al dominio de la ciencia y de la técnica. Sin embargo, hoy se aprecia en algunos pensadores y grupos de diversas tendencias, un empeño filosófico y práctico por unificar las dos visiones del mundo, mecánica y orgánica, física y metafísica, ciencia y religión, en base a un resurgimiento de una consciencia holística, cósmica, ecológica, y espiritual.

Seguramente fue Albert Einstein uno de los científicos alentadores de este tipo de pensamiento, cuando dijo: “Intente penetrar con nuestros medios limitados en los secretos de la naturaleza y encontrará que más allá de todas las leyes discernibles y sus conexiones, permanece algo sutil, intangible, inexplicable. Venerar esta fuerza que está más allá de todo lo que podemos comprender es mi religión. En ese sentido soy, de hecho, religioso”.

Mientras la mente racional del científico se aproxima intelectualmente a la inteligencia del universo, (es decir, ambas inteligencias se esfuerzan por entenderse mutuamente, en términos de razón y de lógica), el místico, en cambio, se une espiritualmente a esa “conciencia universal que todo lo abarca”, creándose una sola conciencia cósmica y una visión de la realidad como un todo unificado. Ya lo decía Heráclito de Éfeso: “No a mí, sino habiendo escuchado al logos, es sabio decir junto a él que todo es uno”.


W DiazWilmer Ramón Díaz Soto  vive en De La Azulita, Venezuela. Es Productor audiovisual, Guionista y Librepensador por formación autodidacta. También se desempeña como promotor de cultura y ecología en el Instituto Municipal de Cultura Andrés Bello  y de la fundación Planeta Tierra Sacra PLANETIS.

© Wilmer Ramón Díaz Soto

La foto que encabeza este artículo es de John Fowler de Unsplash

unsplash-logoJohn Fowler

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