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Los problemas del lenguaje en la construcción de las identidades: Hume, Lacan, Foucault y Butler

Este es el segundo artículo que Frank Morales publica en De Filosofía. Esta vez nos habla del lenguaje, los discursos y la identidad

Por Frank Morales Romero

Introducción

Abordar el tema de la identidad es explorar sobre los orígenes mismos del lenguaje, en los que descubrimos que éste encierra grandes paradojas y en ese sentido es que se le puede asignar un carácter epistemológico, metafísico, cultural, social, etc…Por un lado hay quienes afirman que es una construcción artificial (Cultural) y por otro, que es una condición natural del hombre.De estas dos posiciones dimanan un sinnúmero de teorías del lenguaje que tratan el asunto tan desarrollado por grandes intelectuales contemporáneos.

Me limitaré a demostrar en este pequeño escrito que la identidad se construye y se transforma de manera mediática,a través y mediante un lenguaje “expresivo” en términos poéticos y no en un lenguaje exclusivamente comunicativo que tiende a cumplir más una función lógica y social que de una dimensión semiótica que obedece a ciertos impulsos primarios que se manifiestan en el habla poética. Además es necesario analizar los modos en que los discursos producen subjetividades, sus mecanismos de exclusión y las relaciones de poder que se entrecruzan. Haré un pequeño recorrido histórico desde las ideas de David Hume sobre la naturaleza de la identidad, la teoría de los impulsos de Lacan, la relación entre sujeto y poder de Foucault y finalmente me apoyaré en la posición del poder emancipador de lo semiótico (como resultado de la repetición de lo performativo) en el pensamiento feminista de Judith Butler para demostrar que existe la gran posibilidad de libertad de identidades de género y que efectivamente, en el habla poética como fuerza reiterativa, se dan los elementos presuntamente necesarios para eliminar la “ley patriarcal” propuesta por Lacan.

Hume

Uno de los primeros filósofos que abre el debate sobre la posibilidad o imposibilidad de la identidad, es el empirista David Hume. Para él, existe un verdadero problema filosófico en el análisis de la identidad, sobre todo un gran problema lingüístico más que epistemológico. Hume, se pregunta por ¿Qué es lo que une nuestras distintas percepciones y nos hace atribuirles una identidad y simplicidad reales? Con gran escepticismo estima que todas nuestras percepciones aunque con existencias separadas, tienden a reunirse en una unidad, pero, su intento por dar una respuesta termina siendo un fracaso intelectual, al no poder establecer un principio que explicara la conexión de dichas percepciones con nuestra conciencia y termina argumentando que todo obedece entonces a un sistema de creencias.

Copleton, F. en Historia de la Filosofía dice

algunos filósofos imaginan que somos siempre consientes de nosotros mismos como de algo que permanece en un estado permanente de autoidentidad. Pero cualquier idea inteligible y clara que tengamos del yo, ha de derivarse de una impresión. Sin embargo, “el yo o persona no consiste en ninguna impresión aislada, sino en todo aquello a lo que hacen referencia nuestras distintas impresiones e ideas. Si alguna de nuestras impresiones nos da la idea del yo, dicha impresión ha de permanecer invariable, a través de toda nuestra vida, ya que de esta forma es como se supone que existe el ser propio. Pero no existen impresiones constantes e invariables… y, en consecuencia, no existe tal idea” (Pág.284, 285)

El espíritu del teatro es la metáfora utilizada por Hume para concluir que la mente tiende a despreciar los elementos simples de un conjunto y adscribir una identidad al conjunto. Más adelante el historiador nos describe lo siguiente: “si nos desprendemos de esta “ficción”, todas las cuestiones relativas a una identidad personal “han de considerarse más bien como dificultades gramaticales que como problemas filosóficos”. (pág. 286). Es decir, el saber si en un momento dado es adecuado decir que algo es idéntico o no lo es, es un problema lingüístico.

Patriarcal

Notamos que el filósofo concluye que la idea de identidad es una categoría que corresponde al lenguaje y que solo en éste se puede lograr una comprensión general del problema. Es este el elemento que rescato de su propuesta y que me permitirá reforzar mi hipótesis central, teniendo en cuenta que la dimensión semiótica que propongo es un lenguaje que no supone conceptos propios del conocimiento, sino como la idea que ofrece la contemplación y la reproducción de imágenes que terminan por afirmar una identidad a través del habla poética (arte como poder) como fuerza que se manifiesta en lo performativo.

A comienzos del siglo XX, el psicoanálisis indaga sobre este problema y básicamente nos muestra la manera en que emerge el sujeto a través de la represión de los impulsos primarios. Para Lacan por ejemplo, “la ley paterna” articula toda significación lingüística. Desde este punto de vista, el psicoanalista expone que lo simbólico se convierte en un principio organizador universal de la cultura. Y nos dice que dicha ley genera la opción de un lenguaje significativo y experiencias significativas, mediante la represión de los impulsos primarios de la libido, incluyendo la dependencia absoluta del bebé respecto del cuerpo materno, y de esta manera “discursiva” emerge un sujeto atado a esta ley represiva y limitado por un lenguaje articulado por dicha ley, aunque supone que el lenguaje también articula el mundo y busca significados separados.

Desdibujar la figura paterna ha sido la piedra en el zapato de muchas feministas de mitad del siglo XX en adelante, en las que por ejemplo Julia Kristeva ha sido una de las que ha hecho una propuesta semiótica a través de su política corporal subversiva, en la que expone que lo semiótico es una dimensión del lenguaje originado en el cuerpo materno primario y que solo el lenguaje puede destruir la ley paterna a través de la fragmentación de significados preestablecidos; apoyándose en Lacan afirma que: los impulsos tienen objetivos anteriores a su aparición en el lenguaje, que la aparición de impulsos múltiples en el lenguaje es evidente en lo semiótico, y que el cuerpo materno se expresa mediante el habla poética. La función poética que nos habla Kristeva es una función lingüística que tiene tendencia a fragmentar y multiplicar significados. Describe lo semiótico como la multitud de impulsos que se revela en el lenguaje y con su fuerza alteran la función significativa.

Sin embargo, Kristeva da un paso más adelante con relación a Lacan y nos advierte que lo simbólico continua siendo hegemónico excepto cuando lo semiótico altera su procedimiento significante mediante la elipsis, repetición, el simple sonido y la multiplicación del significado a través de imágenes y metáforas indefinidamente significantes. Lo que Kristeva propone es una recuperación del cuerpo materno a través de lo semiótico, pero su teoría sobre la subversión obstruida, según Judith Butler, se basa en su visión problemática de la relación entre impulsos, lenguaje y ley, que es lo que pretendo analizar en este trabajo, y rescatar lo positivo de sus ideas a saber, el poder de lo semiótico como fuerza subversiva que intenta destruir símbolos y dar significados distintos de los establecidos por la cultura, negando su posición ontológica frente a los objetivos de los impulsos primarios anteriores a la aparición del lenguaje ya que como lo señalo Butler en su obra “El género en disputa” el lenguaje no puede ser abstraído de la existencia de unos impulsos reprimidos y menos tener significados antes de que aparezca el lenguaje, es decir, en su entrada en lo simbólico.

Poder

Hasta ahora he mencionado de manera implícita que la identidad supone un acto de exclusión que se produce mediante la ruptura, (pensamiento-lenguaje en Hume, represión entre la relación de madre-hijo en Lacan) por tanto, es posible considerar que la identidad implica necesariamente un acto de poder. Para Michel Foucault, el sujeto es producido como un efecto a través y dentro del discurso, en el interior de formaciones discursivas específicas. Para comprender un poco esta situación es menester recalcar el concepto de poder en este pensador que es clave fundamental para el desarrollo de la presente investigación.

Foucault, nos dice

Por poder hay que comprender, primero, la multiplicidad de las relaciones de fuerza inmanentes y propias del campo en el que se ejercen, y que son constitutivas de su organización; el juego que por medio de luchas y enfrentamientos incesantes las transforma, las refuerza, las invierte; los apoyos que dichas relaciones de fuerza encuentran las unas a las otras, de modo que forman cadena o sistemas o, al contrario, los desniveles, las contradicciones que aíslan a unas de otras; las estrategias, por último, que las tornan efectivas, y cuyo dibujo principal o institucional toma forma en los aparatos estatales, en la formulación de la ley, en las hegemonías sociales…el poder está en todas partes; no es que lo englobe todo, sino que viene de todas partes. Y el “poder” en lo que tiene de permanente, de repetitivo, de inerte, de autor reproductor, no es más que el efecto de conjunto que se dibuja a partir de todas esas movilidades, el encadenamiento que se apoya en cada una de ellas y trata a su vez de fijarlas…el poder no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada. Historia de la sexualidad. Tomo I. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores. PP 89

Como podemos notar el poder atraviesa todo el cuerpo social, y Foucault en su obra “sobre la verdad y las formas jurídicas” realiza un estudio muy completo sobre la manera de operar el poder y su estrecha relación con la verdad. Para Foucault, existe una relación entre poder-saber que van siempre juntos y que éste no reprime sino que normaliza, creando como formatos de pensamientos que va construyendo nuestra forma de pensar que pretende hacerlo normal, encasillándolo dentro de un orden pre- establecido. Todo discurso articula poder y verdad, y en este punto me detendré para alimentar la idea que sostengo sobre la posibilidad del habla poética ( Y su manifestación en lo performativo) como forma de derribar estructuras impuestas desde fuera; teniendo en cuenta el poder de la interpretación en determinado espacio cultural, es decir, la fuerza de lo semiótico de destrucción de símbolos unívocos y la posibilidad de convertir lo estable en estado de alteración mediante la repetición “estilizada” de actos corporales (como lo entiende Butler) dentro de determinadas culturas para alcanzar la identidad de género y la inclusión en dichas identidades, en el terreno de la “normalización”.

Según Foucault,

cada sociedad tiene su régimen de verdad, su política general de la verdad, es decir, los tipos de discursos que ella acoge y hace funcionar como verdaderos; los mecanismos y las instancias que permiten distinguir los enunciados verdaderos falsos, la manera de sancionar unos y otros; la técnica y los procedimientos que son valorizados unos a otros para la obtención de la verdad; el estatuto de aquellos encargados de decir que es lo que funciona como verdadero” “Verdad y poder”. En Microfísica del poder. Madrid, Ediciones la Piqueta. Texto original, “Vérité et pouvoir” (Entrevista de A. Fontana en Junio de 1976).Versión abreviada en, L’arc, nº 70, especial, 1977, P 187

La relación instinto, lenguaje y ley es inevitable dentro de los límites del discurso sobre la identidad; y el lenguaje poético al que me he referido es precisamente aquel que está inmerso en este juego de interpretaciones lingüísticos. No de un lenguaje poético que conduzca a la recuperación de lo nostálgicamente perdido como lo propuso Kristeva y que dependa de unos impulsos múltiples que son reprimidos por la ley paterna, sino, entender que lo semiótico a través del habla poética entabla una relación con el otro sujeto mediante la reinterpretación, imitación y multiplicación de actos performativos, aquellos que evidentemente producen un efecto positivo en el otro, y que es capaz de transformar mediante la aceptación del otro, y a través de la repetición de lo cotidiano, haciéndolo “normal”.

Para Judith Butler, “lo simbólico es hegemónico excepto cuando lo semiótico altera su procedimiento significante mediante la elipsis, la repetición, el simple sonido y la multiplicación del significado a través de imágenes y metáforas indefinidamente significantes” (Pág. 177…El género en disputa)

Poesía

Considero una vez más que el lenguaje poético no depende de la existencia previa a impulsos primarios ya que como afirma Butler, no se puede asignar un significado a ningún impulso antes de su aparición en el lenguaje. Más bien apoyo su idea fundamental de que en la repetición de lo performativo (movimientos estilizados del cuerpo y el efecto producido por éste) se puede lograr un efecto de aceptación del otro, mediante la normalización en términos Foucaultianos y así, poder llegar a la constitución de una identidad de género que no se produce en el lenguaje natural sino que es una construcción artificial ya que el sujeto emana dentro de determinadas culturas que están atravesadas por el discurso del poder.

Los discursos a través de los cuales vamos produciendo nuestras identidades son atravesados por el ritual, la doctrina y la adecuación social del discurso. El ritual define la cualificación que deben poseer los individuos que hablen; a través de ritual que se constituye en la repetición, los sujetos ocupan cierta posición y les permite formular tal tipo de enunciado, de aquí su valor coactivo.

Para apoyar la anterior idea, voy a citar a Butler quien a su vez cita a Foucault en la obra que estoy analizando, a saber, el género en disputa “Según Foucault, el cuerpo no es “sexuado” en algún sentido significativo previo a su designación dentro de un discurso a través del cual queda investido con una “idea” de sexo natural o esencial. El cuerpo adquiere significado dentro del discurso solo en el contexto de las relaciones de poder. La sexualidad es una organización históricamente concreta de poder, discursos, cuerpos y afectividad. Como tal, Foucault piensa que la sexualidad genera el “sexo” como un concepto artificial que de hecho amplía y disimula las relaciones de poder que son responsable de su génesis” (Pág. 194)

Lo que nos dice Foucault en este pasaje es de vital importancia para el presente trabajo, ya que “desmitifica” de alguna manera el pensamiento de Kristeva con relación a su concepción romántica de la represión de los impulsos primarios, porque según Foucault, es la ley quien crea ciertos deseos bajo la apariencia de impulsos naturales. Así mismo para Butler, la represión crea siempre su propio objeto que más tarde va a rechazar, confirmando de esta manera, que de la represión nace el poder y en este sentido la pensadora guarda estrecha relación con Foucault; pero la propuesta de Butler es que para poder escapar de la emancipación del opresor en nombre del oprimido “es preciso reconocer la complejidad y la sutileza de la ley y desprendernos de la ilusión de un cuerpo verdadero más allá de la ley” es decir, para Butler, la posibilidad de la subversión del cuerpo se da dentro de la misma ley.

Reflexión personal

Como estudiante de Maestría en filosofía, propongo que en nuestro país se creen verdaderas políticas de inclusión a la diversidad de géneros, teniendo en cuenta que las actuales leyes han sido demasiada polémicas y aún se sigue estigmatizando la puesta en escena de los cuerpos estilizados. Las comunidades LGTBI deben desaparecer porque en realidad todos somos iguales dentro de la ley y el respeto y la tolerancia deberían hacer parte de nuestra cultura democrática y social.


Frank MoralesFrank Morales es colombiano y vive en Barranquilla. Tiene estudios de filosofía y docencia en la Universidad del Atlántico. Es docente de filosofía e historia y ha trabajado como profesor en la enseñanza media y superior. Es autor del libro “Meditaciones de un Cautivo” y “La Miseria”. Este es el segundo artículo que publica en De Filosofía. El otro lo pueden leer aquí: Nietzsche, superhombre, tiempo y eterno retorno

© Frank Brady Morales Romero

La fotografía que encabeza este artículo es de Bram en Unspalsh
unsplash-logoBram.

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