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Artículo: Nietzsche, superhombre, tiempo y eterno retorno

Este artículo nos habla del tiempo, la voluntad de poder, el superhombre, el nihilismo y la tragedia de nuestra existencia desde la perspectiva de filósofo Friedrich Nietzsche.

Por Frank Brady Morales Romero

Este artículo está dividido en dos páginas.

Introducción

El tiempo es tan extraño y problemático que pareciera que todo acontecimiento ha sucedido alguna vez. Esta rara sensación nos permite entender el tiempo de manera circular; sin embargo, el hombre muchas veces no lo concibe como tiempo cósmico sino de manera lineal, y cree muy convencido que toda existencia tuvo en algún momento un inicio y tendrá un final; tal es el concepto de tiempo concebido por ejemplo por el cristianismo, y aunque pensadores como Agustín de Hipona, hicieran un gran esfuerzo por explicar el instante y afirmar que el pasado no existe y que el futuro no ha pasado, y centrarse en el presente como algo que ya está pasando, no deja de fundamentarse en Dios como cimiento último de su pensamiento y es esto lo que lo alejaría de entender el movimiento y el cambio, como una secuencia de momentos interminables y problemáticos para el hombre.

Este problema del tiempo como fundamento teórico para la existencia auténtica –es decir, el hombre que concibe la vida como tragedia y la acepta tal cual como es- es resuelto por Friedrich Nietzsche, quien afirma que el tiempo es circular-eterno, que no se agota y que nos atrapa en un eterno retorno de lo mismo.

Un pensador que ataca desde los cimientos a toda la metafísica tradicional, pero, que a la postre, termina siendo él el último metafísico como lo afirma Martín Heidegger; sin embargo, hace metafísica pero, ya no entendida  como un afuera sino como un adentro del mundo (intramundo).

La vida

¿Es realmente trágica nuestra existencia? ¿Se hace consciente el hombre de su verdadera existencia auténtica? ¿Necesitamos ser superhombres para resistir la tragedia de la vida si ésta es verdaderamente trágica? en caso afirmativo ¿Cómo superar tal tragedia?

Esta, y otras cuestiones más es lo que intento responder en este ensayo.  Demostraré como eje principal del presente trabajo  -apoyándome en las ideas de mi preceptor Jesús Ferro Bayona, quien dirigió mi seminario sobre Nietzsche- que su propuesta del tiempo es una justificación (planificada con mucho detalle desde los mismos inicios de su principal obra Así hablaba Zaratustra, y que desarrollará específicamente en su tercera parte) para la existencia y supervivencia del ultrahombre, término que acuñó para designar al hombre superior,  aquél que ha logrado mediante sus transformaciones cruzar el puente y hacerse niño, que ya no es el último hombre que es solo tránsito, sino que es una  meta en sí mismo. Cabe resaltar que el filósofo colombiano, en su obra “Nietzsche y el retorno de la metáfora” –obra que tomaré como referente- en ningún momento menciona tal justificación de manera explícita, pero, las ideas y argumentos que desarrolla sobre todo en el cuarto capítulo de su obra,  “FIGURAS” evidencian que existe tal justificación, pero, no la construye, quizá dejando el espacio para que otro intérprete enarbole sus ideas y continúe su ardua labor.

Nietzsche vivió la experiencia de su enfermedad y nos la revela (caso diferente con el superhombre, que no es revelado sino anunciado desde el prólogo) en el canto “El convaleciente” que aparece en la tercera parte de su magna obra, hallando en la misma la única posibilidad de vida que le queda al hombre. Aceptar su condición de enfermedad y superarla a través de su voluntad de poder, otro término que introduce para indicar el conjunto de todas las manifestaciones vitales del hombre y afirmación de la vida; y desde allí es que va a fundamentar su filosofía, entendida como un vitalismo. Ferro Bayona (2004) indica:

“La revelación de Zaratustra está siempre velada y revelada en el libro tercero: es la renuncia a la conceptualización, la expresión figurada que invita a adivinar más que a deducir” (Pág. 135)

Es este el espacio poético como lo dice Ferro Bayona, el momento de las figuras y de la alta expresión de su metáfora que quiere atrapar la esencia de las cosas como un acto puro al estilo de Heidegger, pero, aquí en Nietzsche, la captación de la realidad es un juego que desplaza lo conceptual para tratar de recuperar la esencia o el fundamento de las cosas desde la inocencia del niño. Figura que juega un papel importantísimo en la doctrina de Nietzsche, ya que es el niño quien representa la inocencia y la más alta expresión de la voluntad del hombre: Heidegger nos brinda un ejemplo, cuando la madre “grita al niño” y éste acude a su llamado; pero, no lo hace en ningún momento por simple y llana obediencia, sino, que el niño le encuentra una explicación desde sí mismo, aunque venga de afuera la orden, y exista una relación esencial, es el niño mismo quien se obedece hacia sí. Sobre esto hablaremos más adelante.

La obra en mención comienza con un prólogo en dónde Nietzsche ataca de raíz y sin miramientos al cristianismo y a su falsa doctrina; cuestiona el comportamiento del hombre y a su deseo de abandonar la tierra y alcanzar esperanzas ultraterrenas que acrecientan el dolor y el resentimiento. Aquí comienza su inversión del platonismo, al afirmar este mundo como el único real existente. En la caverna de Platón, los hombres son esclavos de las sombras que se proyectan, y en ese sentido desconocen la verdadera existencia, pero, lo verdadero tampoco está lejos de ellos como lo expuso Platón, sino que eso lejano está según Nietzsche más cercano que todo. Sabe el autor del Zaratustra, que esos hombres atados en la caverna siempre preferirán aunque se le muestre la otra realidad, el estado de comodidad; y para ello es que el cristianismo se inventa el otro mundo para fijar las falsas esperanzas ultraterrenas al hombre. Considera una enfermedad a  ese pensar tan superfluo y huidizo de toda realidad. Nietzsche (2003) a propósito:

“Enfermos y moribundos eran los que despreciaron el cuerpo y la tierra y los que inventaron las cosas celestes y las gotas de sangre redentora: pero incluso estos dulces y sombríos venenos los tomaron del cuerpo y de la tierra” (Pág. 112)

Con estas palabras Nietzsche,  resalta el carácter afirmativo de la vida al atacar al cristianismo y al dar a conocer que todo ideal es tomado de lo terrenal, y que nada hay fuera de ella, o sea de la tierra y que para devolverle el sentido a la misma se necesitan otros hombres capaces de negar los otros mundos incluso a Dios. En el prólogo se anuncia “la muerte de Dios” y con este “ACONTECIMIENTO” llega a su fin toda metafísica, o lo que es lo mismo toda la filosofía tradicional. Hay que entender que en Nietzsche, como lo muestra Ferro Bayona sus pensamientos y todas sus ideas son metáforas y figuras que van adquiriendo valor en la medida que nos conduce a una realidad muy simple. Va destruyendo todo el aparato conceptual y nos desnuda la verdad. Gianni Vattimo (2009) dice “Nietzsche, piensa que lo que existe es puro juego de fuerzas, conflicto entre interpretaciones que no pueden asociarse a ninguna norma objetiva para decidir sobre lo verdadero” (Pág. 116)

Como buen genealogista,  la propuesta de esta metáfora tan polémica y rebatida por muchos teólogos está dirigida como todas las demás a la búsqueda  del origen de las cosas de manera pura, y que es allí  dónde radica el verdadero sentido de toda existencia, como valor de verdad.

Superhombre, ubermensch

En este recorrido del ocaso de Zaratustra, que es el personaje por medio del cual nos habla el mismo Nietzsche, nos anuncia el advenimiento del ULTRAHOMBRE. Enseña que el hombre es algo que debe ser superado y, que ya superado, entonces le devuelve el verdadero sentido a la tierra. Dice que ese Superhombre es un mar; resalta la figura del mar inmenso como creación “antes se decía Dios cuando se miraba a los mares lejanos, pero ahora he enseñado a decir: superhombre (übermensh).” El decir (sagen) es creación; y Zaratustra sueña en sus discípulos que podrán crear; “¿podríais crear un Dios? (ein Gott schaffen).” Ahora, en lugar de hablar de los dioses, “vosotros podréis crear al superhombre (den übermenschen schaffen)”, porque es la más alta realidad, la figura superior que se encuentra en un lejano porvenir más allá de todo hombre. Invitación a crear de su propia plenitud, como un reto a la indigencia del arquitecto racionalista que levanta un templum de conceptos para conjurar a un dios conceptual bajo un cielo de conceptos” (Ferro Bayona, 2004, Pág. 117).

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