Reseña: Leyendo El Capital

Marx Inferno


Por: David Harvey

En esta reseña, David Harvey comenta el libro Marx´s Inferno: The Political Theory of Capital escrito por el cientista político William Clare Roberts de la Universidad de McGill (Montreal, Canadá). Para saber más del profesor Roberts, pueden visitar el siguiente enlace: https://www.mcgill.ca/politicalscience/faculty/william-clare-roberts

Por su parte, David Harvey es profesor de Antropología y Geografía en el Graduate Center of the City University de New York. Es autor de numerosos libros (The Ways of the World, Seventeen Contradictions and the end of Capitalism, entre otros). Ha enseñando El Capital de Karl Marx durante más de cuarenta años. Para saber más del profesor Harvey, pueden visitar su sitio en: http://davidharvey.org/

La traducción de esta reseña está hecha por José Miguel Ahumada y Francisco Larrabe* y fue originalmente publicado en Redseca.cl. La reseña original en inglés la pueden leer en: https://www.jacobinmag.com/2017/03/david-harvey-marxs-inferno-review-capital-grundrisse/

Este artículo está dividido en cuatro páginas.


El Infierno de Dante

La celebración por los 150 años de la publicación del primer volumen de El Capital de Marx (septiembre de 1867) es una buena oportunidad para poner sobre la mesa nuevas e ingeniosas interpretaciones sobre aquello que se plantea en El Capital, y específicamente en el Volumen 1. Un primer llamado de atención en lo que promete ser una gran batalla por redefinir el legado intelectual y político de Marx, proviene de la pluma del cientista político William Clare Roberts, quien examina el magnum opus de Marx desde el punto de vista de la filosofía política, la lingüística y la forma literaria. Su libro Marx’s Inferno: The Political Theory of Capital, está bien documentado y es de fácil lectura.

Las cualidades únicas de la contribución que hace Roberts provienen de dos innovaciones. La primera es que nota un paralelo entre la organización del material en el Volumen 1 de El Capital y el Infierno de Dante. Roberts sugiere que el descenso hacia el infierno viviente del lugar de trabajo y la búsqueda por la redención le dan forma a la narrativa de Marx de una manera fundamental.

La segunda innovación es que rechaza la visión de que El Capital debe leerse solamente como un ensayo sobre economía política. En cambio, lo ve como un tratado sobre filosofía política. Basado en esto, se concentra en las relaciones entre Marx y la utopía socialista que le precedieron. Roberts concluye que Marx fue mucho más allá de la tradición socialista y se remontó, en su búsqueda por una alternativa política, hasta una más antigua tradición de republicanismo entendido como no-dominación.

Sin más que decir, estos dos puntos de vista logran una lectura imaginativa y agradable, cuando no controversial.

La rica literatura heredada sobre la que se basa Marx para escribir el Volumen 1 de El Capital es bien conocida. Las referencias a Shakespeare, Cervantes, Goethe, Milton, Shelly, Balzac, Dickens, como también filosofía griega y mitos y figuras de la cultura popular (espiritistas, vampiros y hombres lobos, y gansos ponedores de huevos de oro), son evidentes. Pero nunca había pensado mucho en el Infierno de Dante, pero luego de leer a Robert estoy convencido de que sí tiene un rol en la forma en que se presenta la argumentación teórica en el Volumen 1. Felicito a Roberts por esto.

Sin embargo, si bien el Infierno afecta la estructura en que se presenta la argumentación, ¿afecta las interpretaciones conceptuales y sustantivas de Marx? Roberts cree que sí, aunque yo no veo las evidencias.

Marx estaba preocupado por encontrar una manera persuasiva de presentar sus hallazgos a su potencial audiencia (particularmente los artesanos y obreros educados por cuenta propia de Gran Bretaña y Francia). Con este propósito, algunas veces simplificó su argumentación deliberadamente hasta el punto de la falsificación. Por ejemplo, si bien insistía que los valores y precios no son lo mismo, de vez en cuando los presentaba como una misma cosa para que la teoría del valor fuese más agradable para su audiencia. También dejó de lado mucho del lenguaje hegeliano, en parte por la misma razón: el término alienación predominaba en los borradores, como es el caso de los Grundrisse, pero casi no aparece en El Capital, a pesar de estar presente en casi todo el Volumen 1.

En el Volumen 1 Marx aúna referencias culturales y literarias para que su audiencia pudiera entender sus planteamientos. De hecho, raras veces empleó el “confuso término” plusvalía, menciona Roberts, sin mencionar “explotación” al lado de éste; se supone que para mantener interesada a su audiencia. En los días de Marx el Infierno de Dante era bastante conocido (William Blake lo ilustró), así que por qué no apelar a él.

Las metáforas y analogías de este tipo son muy útiles, pero hasta cierto punto. Empujar mucho sus límites puede generar malas interpretaciones, incluso daños peores. Una cosa es, por ejemplo, considerar al Estado como un ente orgánico y otra muy distinta es considerarlo como un organismo real que anhela y requiere de espacio vivo para sobrevivir (como sucedió con la geopolítica alemana y su énfasis por el lebensraum).

El Capital está siempre abierto a malas interpretaciones. En los cuarenta años que llevo enseñando el Volumen 1, he llegado a reconocer las múltiples maneras en que el libro puede ser leído e interpretado dependiendo de la formación disciplinaria (en el caso de los estudiantes y académicos) o experiencias políticas (en el caso de un amplio público que va desde prisioneros en la Penitenciaría de Maryland hasta los sindicatos de trabajadores, activistas políticos comunitarios, e incluso algunos miembros del Partido Comunista de EEUU).

Mi conclusión es que esta flexibilidad se debe a la genialidad que tiene Marx en presentar sus hallazgos. No sólo puede comunicar un mensaje universal, sino además emplea multitud de voces para llamar la atención de distintas personas. Marx puso en práctica el principio de “lo concreto es concreto porque es la síntesis de muchas determinaciones, por tanto, es la unidad de lo múltiple.”

Las diferentes lecturas que surgen de distintos grupos de estudio enriquecen mucho mi propia comprensión del texto. No puedo evitar notar, por ejemplo, que a los presos afroamericanos en Maryland les resulta obvio mucho de lo que Marx dice, mientras que a los estudiantes destacados de John Hopkins les cuesta mucho más. Lo mismo ocurre con los economistas, que por lo general no sacan muchas lecciones del libro, no así quienes tienen algún conocimiento en filosofía. Y los filósofos leen el libro de manera muy distinta a los antropólogos.

En este aspecto, mi objeción a la lectura de Roberts no tiene que ver con su particular perspectiva. Al contrario, hay mucho que aprender de ella. Aplaudo el esfuerzo que hace Roberts por poner nuevamente a Marx en el centro del debate filosófico político. El problema no es que quiera resaltar un aspecto del pensamiento de Marx que ha sido ampliamente dejado de lado y que podría incitarnos a revisar algunas de nuestras interpretaciones. El problema es que construye una única y exclusiva versión que deja a un lado otras lecturas, a menudo juzgándolas y descartándolas por ser absolutamente confusas.

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