Artículo: El pesimismo profundo y el silencio


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Por: Ignacio Moya Arriagada *

Ignacio Moya Arriagada tiene un M.A. en filosofía otorgado por Wilfrid Laurier University en Waterloo, Ontario, Canadá. Es profesor de filosofía en varias universidades en Santiago de Chile y es director de la revista De Filosofía.

En este artículo, Ignacio Moya Arriagada nos presenta el pesimismo profundo. El pesimismo profundo es una actitud existencial que, tomando elementos del pesimismo filosófico y el nihilismo existencial, nos llama a guardar un silencio filosófico ante el sufrimiento de la existencia y la ausencia de propósito en nuestras vidas.

Este artículo está dividido en cuatro páginas.


El optimismo (…) me parece no sólo absurdo, sino verdaderamente impío, pues es un sarcasmo contra los dolores sin cuento de la humanidad.[1]

Arthur Schopenhauer, El Mundo como Voluntad y Representación

Introducción

En este artículo yo presento el concepto de pesimismo profundo. El pesimismo profundo es una postura existencial que, tomando elementos del pesimismo filosófico y del nihilismo existencial, sugiere que la mejor actitud ante la tragedia de la existencia humana es la de guardar un silencio filosófico. Esto no significa guardar silencio ante el sufrimiento y las injusticias del mundo. Sólo significa abstenerse de promover activamente la idea de que la vida es fundamentalmente sufrimiento y de que nuestras vidas no tienen sentido. Específicamente argumentaré los siguientes puntos:

1) La vida es, fundamentalmente, sufrimiento. Esta postura se conoce como pesimismo filosófico.

2) La vida no tiene un propósito final. Esta postura se conoce como nihilismo existencial.

3) Si aceptamos el pesimismo y el nihilismo entonces la conclusión que se sigue es que es aconsejable guardar un silencio filosófico ante estas verdades[2]. Esta postura se conoce como pesimismo profundo.

Del pesimismo

¿Qué es el pesimismo? El pesimismo es una corriente filosófica que plantea que la vida es, fundamentalmente, sufrimiento y que el dolor es parte constituyente de la vida. Y, tal vez de forma más importante, que este sufrimiento y este dolor no se viven por alguna razón superior, por algún bien trascendental; este sufrimiento no tiene un porqué, no es racional y no tiene alguna justificación posterior. En este punto reside la clave del pesimismo; en reconocer y aceptar la irracionalidad del mundo y la irracionalidad de todo sufrimiento.

La vida pareciera estar llena de sufrimiento. De grandes sufrimientos y pequeños sufrimientos que luego transformamos en grandes sufrimientos. Este sufrimiento (en sus distintos grados) se presenta como parte constituyente de la existencia. Constatar este sufrimiento no es algo que se haga sólo desde el mundo de las ideas, sólo en abstracto. Al contrario, hay un importante aspecto empírico en esta afirmación. Esto porque pareciera ser que donde sea que uno mire en el mundo, uno ve dolor, carencia, frustración, anhelaciones y búsquedas de distintas cosas. A veces esos deseos parecen más bien banales. Por ejemplo, deseamos esos pantalones. Ese auto. Y a veces queremos cosas que parecen más importantes. Queremos y deseamos ese amor y no otro. Queremos esa amistad o ese trabajo. Queremos vivir en ese lugar y no en otro. Otras veces, de forma altruista, queremos felicidad y bienestar para ese otro que tanto queremos. Y todavía en otras situaciones, queremos cosas que a todas luces son mucho más fundamentales e importantes. Por ejemplo, queremos alimentarnos, queremos curar alguna enfermedad o queremos simplemente vivir en paz y escapar de la guerra, la persecución y la opresión.

En este mundo la muerte de niños por enfermedades, abusos y hambre, la tortura a la que son sometidos los seres humanos durante las guerras, y la muerte totalmente injustificada de otros millones de animales a manos de nosotros son hechos tan reales como el hecho que usted está leyendo estas palabras. Hasta donde sabemos allí donde hay vida, hay deseo. Y sabemos que donde hay deseo hay sufrimiento. Es decir, no puede haber vida sin sufrimiento[3].

Este pesimismo existencial tiene a su más alto exponente en Arthur Schopenhauer. A él le debemos la obra más completa, precisa, certera, contundente, mejor argumentada y estéticamente hermosa que se haya escrito en torno a la idea del pesimismo, en torno a la idea de que la vida es, fundamentalmente, sufrimiento. Schopenhauer ordenó este tema, ofreció los argumentos y dejó sentado, para siempre, las bases de todo pensamiento pesimista que lo siguió. Sin embargo, a pesar de lo gravitante que es la figura de Schopenhauer en la historia del pensamiento pesimista, esta corriente filosófica tiene una historia que no se inicia ni se agota con él [4]. Pero, aunque es efectivo que hay una gran variedad de figuras que han tratado temas pesimistas y existenciales en sus trabajos, la obra de Schopenhauer es tan gravitante que toda persona que hable, piense o escriba acerca del pesimismo y el sufrimiento lo hace invariablemente sentado en la mesa que él puso. Yo estoy sentado en esa mesa[5]. Es más, si la obra de Schopenhauer no hubiera existido, sería necesario escribirla pues es sólo gracias a los argumentos que en su filosofía encontramos que ahora alguien como yo puede aconsejar el silencio (ver nota 2)

De la esperanza y el pesimismo

La historia de la humanidad es inseparable de la historia del dolor y el sufrimiento (esta relación es extensiva a la vida en general, no sólo humana). Conocer quiénes somos, de dónde venimos y cómo hemos llegado aquí es conocer la historia de una infinidad de tormentos. Claro está, y sería deshonesto reconocerlo, que la historia de la humanidad (incluyendo la historia particular de millones de individuos) tienen y han tenido momentos de alegría, de triunfos, de felicidad y de logros. Estos logros y estos triunfos, es de esperar, seguirán. A medida que avance el tiempo menos seres humanos morirán en guerras, menos serán discriminados, menos vivirán en pobreza y, tal vez, menos animales sufrirán torturas a manos de nosotros. Millones de personas aspirarán a tener vidas felices, tranquilas, con sus necesidades básicas satisfechas ya aseguradas. Es la esperanza que muchos, incluyéndome a mí, tenemos.

Esta esperanza no es contradictoria con una visión pesimista de la existencia—o para ser preciso, a lo menos no es contradictoria con el pesimismo profundo[6]. Esto porque el pesimista profundo entiende que el mejoramiento del estado de cosas puede efectivamente continuar e incluso puede ser deseable. Sin embargo también entiende que cada triunfo obtenido, cada avance logrado, aunque valioso e importante, se erige sobre la base de una carencia, de un dolor y de un sufrimiento (sufrimiento propio o ajeno). Y es más, por cada logro que la humanidad obtenga (o que nosotros obtengamos en nuestras vidas personales), aparecerán otras mil carencias, mil dolores, mil exigencias y mil vacíos que demandarán y clamarán por una solución. Las razones de porqué esto seguirá así se encuentran, en parte, en Schopenhauer.

Ir a la página 2

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2 thoughts on “Artículo: El pesimismo profundo y el silencio

  1. Interesante ensayo. Comparto la visión pesimista y nihilista: esa condición errante que nos mantiene constantemente a la deriva y nos obliga a producir sentido a nuestras vidas individuales y a la Vida; llenar el vacío con multuplicidad de formas – doble desfundamento nietzscheano. Aquí la analogía del barco de los locos es interesante. Ese barco que navegaba de puerto en puerto sin llegar nunca a destino. Como también es llamativa la frase de F.Scott Fitzgerald, “Evidentemente, toda vida es un proceso de demolición”. Demolición provocada por la carencia de sentido y el inagotable deseo que no se satisface nunca y genera conflictos, personales y sociales, y a los que hay que atender y hacer frente.
    El trabajo genealógico de Nietzsche juega un papel importante al poner en evidencia la arbitrariedad de los valores morales, su condición de espureos y añejos, y mostrarlos como el resultado de luchas que se dan tras bambalinas y emergen en determinado momento y se toman la escena, pero nada de esencias divinas, sólo la imagen especular kantiena, imagen demasiado humana, por lo demás. Y el rol del intelecto, esa herramienta humana que nos despoja de la naturaleza, nos sume tanto en la arrogancia como en el infortunio, como nos lo hace notar Nietzsche: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue
    el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si
    en él girasen los goznes del mundo.”
    Por suerte, como mencionas, todo acabará en algún momento, y ni rastro quedará. Y si se debe callar, eso es decisión de cada uno.

    P.D.: sobre el suicidio, interesante es la propuesta de Foucault, Deleuze y otros sobre la muerte voluntaria y cómo prepararla. Esto enlazado con el concepto de la vida como obra de arte.

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