Artículo: Una filosofía de las pasiones desde el pensamiento de Charles Fourier


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Por: Jair Alex España Galan

Jair España Galán vive en Barranquilla (Atlántico), Colombia. Es egresado del programa de Filosofía de la Universidad del Atlántico, donde realizó una investigación que mostró la influencia del pensamiento de Charles Fourier en la construcción de la propuesta de Karl Marx, la cual tuvo por título “Reflexiones de un pensamiento político anterior a Marx: Charles Fourier, pensador de las pasiones”.

Fue ganador de una beca meritoria de intercambio académico, la cual le posibilitó realizar una movilidad a la Universidad de Guadalajara (México). Realizó estudios de la lengua francesa en la Alianza Colombo-Francesa de Barranquilla. Actualmente trabaja en la Fundación Centro de Desarrollo Social -CEDESOCIAL, donde participa en foros, seminarios y congresos sobre Masculinidades no Hegemónicas, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, y Salud Sexual y Salud Reproductiva. Es miembro del grupo de Investigaciones POLIESTESIS de la Universidad del Atlántico, y miembro del Centro del Saber y la Investigación Sociocultural CESIS

En este artículo, Jair España nos presenta el filósofo francés Charles Fourier, asociado al socialismo utópico durante el S.19. Entre otros conceptos, España nos explica la idea del falansterio y analiza el pensamiento de Fourier acerca del matrimonio, las mujeres y los derechos de los niños.


El pensamiento y la vida de Charles Fourier

Charles Fourier, economista francés nacido en 1772, no ha sido muy conocido en las culturas de idioma español. Gracias a que proviene de una familia de comerciantes burgueses, logró conocer cuáles eran las contradicciones del comercio y de qué maneras se forjaban las desigualdades de clases, sabiendo cuáles eran las implicaciones que esto tenía en la vida práctica de las personas. Es considerado el padre del socialismo utópico, y es un hombre que llevó su crítica de la civilización a un nivel tan alto, que aspiraba cambiar las estructuras de todas las sociedades.

Para Fourier la civilización corresponde, aproximadamente, a lo que en términos marxistas se conoce como la burguesía, pero el término civilización no solo es usado para describir al conjunto de personas que detentan el poder sobre los medios de producción, sino que representa todo un sistema de pensamiento y de organización caótico, que tiene como fundamentos la monogamia y el capital privado.

Felix Armand y René Maublanc en su obra Fourier (1996) ofrecen pautas que ayudan a conocer de manera cercana al autor francés que ocupa estas páginas. Se hace evidente que sus propuestas fueron consecuencia de la sociedad en la que vivió: cuando tenía apenas diecisiete años de edad inició la revolución francesa, que indiscutiblemente influyó en la construcción de su pensamiento y sus propuestas, determinando su aborrecimiento por las limitaciones de la civilización. Aprovecha el contexto explotador en el que crece y lo utiliza para repensar cada aspecto de la vida de los seres humanos. “De su indignación frente a las fechorías del comercio brota toda su doctrina” (p. 36).

Friedrich Engels, quien también fue un conocedor de la obra de Fourier, menciona lo siguiente en La revolución de la ciencia de Eugenio Dühring:

Fourier […] revela despiadadamente la miseria material y moral del mundo burgués, y pone frente a ella tanto las brillantes promesas de los ilustrados acerca de una sociedad en la que sólo reinaría la Razón, acerca de la civilización que aportaría en todo la felicidad, acerca de la ilimitada capacidad de perfección del hombre, cuanto las frases rosas de los ideólogos burgueses de su época; prueba que a las más sonoras palabras corresponde en todas partes la más miserable realidad, y redondea el inapelable fiasco de aquella fraseología con un sarcasmo que hace mella. Fourier no es sólo un crítico: su naturaleza, profundamente alegre y animada, hace de él un satírico y aun de los más grandes de todos los tiempos. (2003, p. 191)

Fourier es testigo del proceso mediante el cual la burguesía del siglo XVIII hace uso de los obreros para arrebatar el poder político a la monarquía, para fusionarlo con el poder económico; luego del derrocamiento de la monarquía se nutre el capitalismo, y la burguesía no hace más que incrementar sus estrategias de actuación. A la vez que se nutre el capitalismo, se nutre la inconformidad de este autor, lo que confluirá en una apatía por las dañinas estructuras de opresión y en una propuesta nueva de modificar la sociedad en cada uno de sus aspectos. Aquí inicia el desprecio de Fourier por toda revolución violenta, pues había sido testigo de un proceso en el que se violentó al ser humano en nombre de principios que se contradecían con la realidad.

Fourier fue un genio preocupado por todo, por cada detalle que compone al ser humano: desde las causas que nos llevan a pretender formar una familia, pasando por las pautas de crianza de los niños –pautas que se constituyen como base del pensamiento de cada persona y por ende de la sociedad- determinando características específicas de cada edad, hasta llegar al anciano como sujeto que merece un trato especialmente acomodado por sus aportes de antaño.

Este autor francés recupera del científico Isaac Newton el concepto de atracción y lo convierte en el eje principal de su obra, retomando la estructura de la mencionada ley científica y aplicándola a las características psicológicas de los seres humanos. Fourier afirma que si Newton había descubierto las leyes de la atracción física que rigen el mundo material, él mismo había ido mucho más allá, descubriendo una ley en la que nunca nadie se había interesado: la atracción apasionada. En la Teoría de los cuatro movimientos, una de las más importantes obras de Fourier, podemos leer lo siguiente:”Muy pronto me di cuenta de que las leyes de la atracción apasionada correspondían punto por punto a las de la atracción material, explicadas por Newton y Leibniz, y que existía una unidad del sistema del movimiento para el mundo material y espiritual.” (1974, P. 29)

Fourier considera que todo ser viviente se rige por la atracción: los planetas y los animales, incluido el hombre mismo. Ataca fuertemente los planteamientos de la filosofía y la moral por considerar que tienen sus raíces en una racionalidad que se contrapone a la naturaleza.  Es gracias a los planteamientos o ideas de estas disciplinas que las pasiones son despreciadas, y éstas reprimidas forjan la infelicidad del ser humano. Por eso se convierte en el mayor crítico de las contradicciones de la civilización y visiona el inminente fracaso al que están condenados los seres humanos mientras sigan empujando las pasiones a la represión, mientras se empeñen en regir sus vidas únicamente por la razón y la lógica, sin tener en cuenta las pasiones. La atracción apasionada es una ley natural que debe orientar la vida del ser humano, es un ímpetu que debe guiar e impulsar a las personas a establecer relaciones, a trabajar, a disfrutar de sus cuerpos y a realizar movimientos ritualizados orientados por la estética.

Crítica a la “civilización”

Es necesario recordar lo que se había mencionado antes: para Fourier la civilización corresponde, aproximadamente, a lo que en términos marxistas se conoce como la burguesía; el término “civilización” no solo es usado para describir al conjunto de personas que detentan el poder sobre los medios de producción, sino que representa todo un sistema de pensamiento y de organización.

La civilización es el régimen al que se apela en la actualidad, al que se aferran las personas y del cual se sienten orgullosos; es este  régimen el que lamentablemente posibilita que las diferentes culturas sigan estableciendo las bases morales de las diferentes sociedades, con ideologías que se caracterizan por el dogmatismo, que pretenden girar eternamente sobre los mismos fundamentos que coartan las pasiones. La civilización es el orden subversivo que se contrapone a la Armonía, el régimen estético que se establece en el falansterio desde el momento en que las pasiones aparecen orientando las actividades. Armand y Maublanc mencionan lo siguiente:

En el falansterio todas las pasiones humanas, aún las más extrañas, podrán tener libre desarrollo, sin perjuicio para el individuo, ni para sus vecinos. La ciudad futura es la floración plena y completa del hombre con todas sus funciones, con todas sus aspiraciones físicas y morales. En el falansterio todos los hombres tendrán acceso a la felicidad total, que es el único objetivo de la vida. (1996, p. 73)

Lo que se pretende desde las lógicas limitantes es hacer que las personas se rijan por lo establecido, que se encausen como ovejas homogéneas pertenecientes al rebaño, y que las particularidades, las subjetividades no sean visibles, ni permitan experimentar, ni ampliar el campo de acción mostrado como normal. Fourier (1974) menciona:

Si en lugar de querer corregir las pasiones, tratamos de averiguar qué motivos puede tener la naturaleza para dar a las pasiones un sentido tan diferente del deber [legitimado en civilización], muy pronto nos daremos cuenta que estos deberes sagrados nada tienen que ver con la justicia […]. (p. 103)

Fourier es radical en su propuesta de una nueva sociedad: si se pretende un cambio verdadero, entonces es necesario actuar en conformidad con tal objetivo, lo cual se logra con una transformación total. Dejar vivos elementos de la civilización –manifestados en costumbres, instituciones o creencias- es peligroso, porque puede resultar que de algunos aspectos funcionales de ese estadio cultural maligno de la humanidad, resurjan aspectos dañinos. Por eso Fourier plantea que no se pueden poner parches a una estructura que ya no sirve, por lo que no tienen sentido las reformas parciales. Armand y Maublanc nos ayudan a reafirmar esta idea al mencionar: “Ni lo bueno ni lo bello son compatibles con la civilización, y lejos de tratar de introducir el bien en esta sociedad, verdadera cloaca de vicios, no hay opinión más sensata, que la de salir de la civilización para entrar en los caminos del bien social.” (1996, p. 134)

Las doce pasiones de Fourier

Según Fourier los seres humanos son orientados por doce pasiones: las primeras cinco son llamadas pasiones sensuales (pasiones del cuerpo), y corresponden a los cinco sentidos básicos: tacto, gusto, olfato, oído y vista. El siguiente grupo está compuesto por cuatro pasiones, las afectuosas (pasiones del alma): la amistad, que impera principalmente en la niñez; el amor romántico, que es característico de la adolescencia; la ambición, que se manifiesta de manera especial en los adultos; y el familismo que es una pasión propia de los ancianos.

Estos dos grupos de pasiones son los únicos que conocen los seres humanos, pero los conocen de manera limitada, de manera simple. Para ejemplificar de manera sencilla, Fourier diría que la pasión del gusto se ve limitada porque no hay un régimen gastrosófico. La “gastrosofía”, en lenguaje fourierista, es el conjunto de saberes y prácticas referentes a las comidas, para que éstas siempre lleven a la salud y la satisfacción adecuada; que lleve al deleite de los platillos deseados con las características deseadas;  Fourier también diría que el amor romántico en la civilización es vivido de manera negativa, ya que pocas veces se tiene la posibilidad de encontrar a alguien que comparta los mismos gustos sexuales. Sumado a esto, se impone la monogamia heterosexual como única opción, como una obligación.

Es necesario que los seres humanos dejen de vivir sus pasiones de manera simple, y esto solo será posible cuando conozcan el tercer grupo de pasiones que les ha sido completamente desconocido, oculto por la represión y la subversión, pasiones que rigen a las nueve anteriormente mencionadas. Se hace referencia aquí a las pasiones distributivas, para las cuales Fourier propone neologismos que lo ayudan a acercarse a lo que pretende: papillonne, cabaliste y composite¸ que pueden traducirse al español como mariposeo, cabalística, y compuesta.

El mariposeo es la pasión que lleva a una constante necesidad de variedad, de cambio. A los civilizados se les obliga a casarse una vez en la vida, “hasta que la muerte los separe”; se los estimula a tener un empleo “estable”, en el que normalmente se sienten fatigados por las ocho horas reglamentadas; nada de esto existe en la propuesta fourierista: en un mismo día se realizan muchas tareas que no superan las dos horas. La monogamia se respetaría para quienes se acojan pasionalmente a ella, aunque Fourier tiene conciencia de que el ser humano es por naturaleza polígamo, y que el tratar de encajar en la monogamia no es más que parte de la doble moral.

Si se encuentran gentes que se contenten con un solo amor –porque hay que preverlo todo- se permitirá que satisfagan sus gustos, por extravagantes que parezcan; pero los amores múltiples serán la regla, y habrá un sistema perfeccionado de burdeles, cuyos moradores y moradoras formaran un cuadro de funcionarios privilegiados, de órdenes casi religiosas, particularmente respetadas (bacantes masculinos y femeninos, faquires y fakiresas). (1996 p. 60)

La cabalística es la pasión de los celos, de la envidia. Fourier no pretende cambiar la naturaleza humana, sabe que reprimir el egoísmo es  algo dañino; estructura su plan de manera tal que un sujeto al tratar de superar a los rivales de actividad, viéndose impulsado por los celos, realice acciones que resulten en beneficios para la asociación. “No hay equilibrio sin fuerzas opuestas; esta acción contrastada es la ley universal de la naturaleza” (1996, p. 80).

La doceava pasión es la compuesta. “Es un ímpetu ciego, una pasión ‘romántica’, enemiga del razonamiento y del cálculo, que nace de la reunión, en un mismo trabajo, de varios placeres de los sentidos y el alma, de los que se goza simultáneamente”. Consiste en componer de manera natural las pasiones. Por ejemplo, permitir que la pasión de la ambición se amalgame con la pasión de la vista, y que lleve a un fotógrafo a retarse a sí mismo, a superar sus límites, y a poner en actuación su creatividad para realizar un trabajo mucho más profesional.

Para decir que las pasiones están actuando de manera fluida, es necesario que haya una “composición” entre “los encantos de los sentidos y del alma. Se convierte en engaño o trivialidad si se limita a uno de estos móviles” (1996 p. 202). No se trata de bloquear las pasiones, esto resultaría en un daño para el sujeto y para todos los asociados, por eso Fourier se propone la tarea de construir un nuevo modelo de “ciudad”, un nuevo modelo de organización que mezcla los beneficios urbanos y rurales, un complejo arquitectónico que estaría diseñado para posibilitar el movimiento de las pasiones compuestas.

El Falansterio

El falansterio es la estructura física o arquitectónica de la propuesta de Fourier, el lugar en donde el sujeto orientado por su pasiones, y donde las diferentes series pasionales vivirían y llevarían a cabo sus actividades. Una serie, en lenguaje de Fourier, es un grupo de personas que se organiza tras objetivos similares; estos grupos generalmente se organizan por atracción apasionada. “Las 1620 personas que ha reunido en [el falansterio] representan los 810 caracteres humanos de cada sexo, que considera como los únicos posibles, agotando todas las combinaciones legitimas de las pasiones” (1996 p. 73).

En el falansterio existirán compromisos, compromisos muy serios, pero no compromisos limitantes como en civilización. “Se suprimirá, pues, en el falansterio la vida de familia, que hace infeliz a la humanidad. Los niños vivirán juntos, comerán aparte en una mesa, se acostarán en el piso bajo y los padres gozarán más al besarlos, porque los verán con menos frecuencia” (p. 69). Existirán uniones sexuales entre diferentes personas, existirán contratos matrimoniales, pero la familia dejará de ser el núcleo de la sociedad. Armand y Maublanc ayudan a describir el falansterio de la siguiente manera:

El falansterio será un inmenso hotel amueblado, donde cada quien se agrupará de acuerdo con sus afinidades, donde se cambiará todos los días de grupo para no tener constantemente a la vista a las mismas personas, donde se tendrá también el derecho de hacer que le suban a uno la comida a su habitación en los días de misantropía, o de encerrarse en un gabinete particular con otra persona. (p. 69)

Fourier estaba convencido de que cinco años después de que un falansterio fuera fundado en algún lugar del mundo, todo el globo estaría lleno de estas estructuras arquitectónicas, toda la humanidad estaría orientándose por la fuerza del ejemplo, uniéndose a los falansterianos. Los falansterios serían lugares abiertos al público, para que pudieran llegar espectadores que seguramente no dudarían en integrarse, que no dudarían en optar por las leyes de la naturaleza.

En el falansterio la mujer saldrá de la esclavitud doméstica, dejará de cuidar niños y de atender a su marido; dejará la castidad a la que es obligada y usará su cuerpo como elemento que le proporciona placer. “No habrá en el falansterio distinción entre negros, amarillos, rojos o blancos, ni entre hombres y mujeres. Y la mujer desempeñará ahí el papel que efectivamente comienza a desempeñar en las sociedades más avanzadas de nuestro tiempo”. (pp. 72-73)

Es erróneo ver el falansterio como un lugar cerrado, pues es un lugar con disposición para poner en marcha nuevas formas de relacionarse. Es un lugar que pretende acabar con el modelo de familia triangular,  que abre la posibilidad a que hombres y mujeres permitan que sea la estética la que oriente sus movimientos. Fourier está convencido de que el falansterio es el lugar donde las pasiones actúan sin represión alguna, ya que ahí “todas las tendencias humanas son capaces de servir a la felicidad, si pueden desarrollarse libre y armoniosamente” (pp. 72-73).

La construcción de una psicología incluyente

Por la fecha y el lugar en que nació Fourier se podría asumir que fue un adepto al movimiento de la Ilustración y por tanto un obsesionado con el cientificismo, se podría esperar que fuera un personaje que no tiene en cuenta al individuo y sus deseos. Muy contrariamente a  lo mencionado, lo que se encuentra es a un hombre, más bien, obsesionado con el bienestar del ser humano, con su felicidad y con posibilitar los medios que lo lleven a ésta.

Fue un hombre que pretendió el bienestar y la satisfacción de todos los falansterianos, un gran psicólogo que era consciente de que existía una pluralidad de personalidades, y por tanto lo último que quiso fue un sistema totalitario. Cada vez que en Fourier se manifiesta el espíritu cientificista y el afán por la sustentación cuantitativa, lo hace pretendiendo tomar en cuenta las particularidades, creando nuevos conceptos y nuevas categorías de análisis que le permiten la  inclusión de toda una gama.

A continuación se presentan algunas propuestas fourieristas -para dar solución a lo que en civilización se llama “vicio”- que van direccionadas a la inclusión:

Un primer ejemplo se presenta cuando Fourier hace un exhaustivo análisis de psicología para determinar las múltiples manifestaciones de la personalidad humana, haciendo síntesis y combinaciones que lo llevan a determinar un número: 810. Este sería el número de diferentes personalidades de cada sexo, hombres y mujeres; el total de 810 caracteres de hombres y la misma cifra de caracteres de mujeres, sumaría 1620. Ese es el número de personas que propone como propicio para la habitación del falansterio, el espacio físico en el que se haría tangible la organización de toda una pluralidad de sujetos que actuarían orientados por sus pasiones.

La astucia fourierista es producto de la construcción de “una psicología que niega la moral tradicional”: Fourier hace uso de una recursividad impresionante para nunca subvertir una pasión: “utilizar las discordias, puesto que está demostrado que no se las puede destruir” (1996 p. 81). El pensador de las pasiones hace uso de la cabalística –la pasión que amalgama la intriga, los celos y la envidia, la ambición y el egoísmo- para hacer que de manera competitiva e inocua, se hagan grandes esfuerzos por superar al otro, esfuerzos que finalmente confluyen en mayores beneficios para la asociación falansteriana y para el individuo inicialmente. Armand y Maublanc continúan dando referencias para entender el sistema de Fourier:

Así el amor, la amistad, el deseo de ser bueno, los sentimientos más diversos, desde el amor al trabajo, hasta el celo y la envidia, todo concurrirá al desarrollo del entusiasmo industrial, de este compuesto de donde saldrán los prodigios de una producción centuplicada. Todos los intereses particulares vendrán a fundirse en el interés general. (p. 109)

Fourier nunca pretende que el ser humano tenga características angelicales, por lo cual no se empeña en hacer que los individuos repriman la envidia y los celos, sino que hace uso de estas pasiones humana para estimular al individuo a superar a los otros y a superarse a sí mismo.

Otro ejemplo: si en civilización se castigaría a un niño al que le guste el bullicio y la mugre, en el estado de “Armonía” se estimularía su gusto por la suciedad orientando sus pasiones hacia el bien común, encargándolo de tareas donde tenga que, verbigracia, recoger basuras, cuando el mariposeo se lo indique. El estado de “armonía” se alcanzaría luego de que esté en movimiento, completo y compuesto, el engranaje pasional en los falansterianos.

También puede suceder que se viva la prostitución, la poligamia, la homosexualidad y la bisexualidad, las orgías, etc.,  y que se vivencien las particularidades de los gustos sexuales sin que sean asumidos como vicios dañinos. Lo que en civilización es llamado “vicio”, en la propuesta fourierista puede ser “atracción apasionada”, los llamados vicios de este orden subversivo actual, se convierten exactamente en virtudes, en pasiones desbloqueadas que permitirán relaciones que parten de la libertad; “aun los sinsabores más justificados desaparecen desde luego y se [pueden transformar] en placeres” (p. 191). Armand y Maublanc continúan:

Terminará la fastidiosa fidelidad conyugal, de la cual se desprende uno, en secreto, por adulterio. La verdad va a reinar, por fin, en las relaciones amorosas, como en todas las demás. Habrá indudablemente mujeres fieles a los hombres, y hombres fieles a las mujeres. Pero la misma obligación teórica de fidelidad no será impuesta a todos: habrá regímenes sexuales para todos los gustos. (p. 118)

Libertad para la mujer

Engels dice, refiriéndose a Fourier:

Aún mejor es su crítica del ordenamiento burgués de las relaciones entre los sexos y de la posición de la mujer en la sociedad burguesa. Él ha sido el primero en decir que en cualquier sociedad el grado de emancipación de la mujer es el criterio natural de la emancipación general. (2003, p. 206)

Fourier pretendía que la sociedad falansteriana fuera movida por el engranaje pasional actuando sin ninguna represión, dio importancia trascendental a la diversidad, y la igualdad de condiciones para todos los seres humanos le parecía una tontería, pues estaba convencido de que los seres humanos son congénitamente diferentes; sabía también de la diversidad de formas en que aparecen las pasiones, y que las formas en que se componen o se fusionan amplían aún más la diversidad de personalidades.

La armonía no cometerá la tontería de excluir a las mujeres de la medicina y de la enseñanza, para reducirlas a la costura y al puchero. Sabrá que la naturaleza otorga en porciones iguales a los dos sexos las aptitudes para las ciencias y las artes. Por eso los filósofos, que quieren tiránicamente excluir a un sexo de determinado trabajo, son comparables a estos malos colonos de las Antillas que, después de haber embrutecido con suplicios a sus negros, ya embrutecidos por la educación bárbara, sostienen que estos negros no están al nivel de la especie humana. La opinión de los filósofos sobre las mujeres es tan justa como la de los colonos sobre los negros. (p. 72)

Se trata en esta cita uno de los aspectos más importantes de la propuesta fourierista: el plantearse en su época la igualdad de posibilidades para hombres y mujeres, sin distinción de raza o color. Hombres y mujeres tiene actitudes innatas para actuar dedicándose a las mismas tareas; no había razón, más que la anticuada y decrépita moral civilizada, para que las mujeres fueran limitadas a ámbitos domésticos. “Liberadas de las servidumbres domésticas, del cuidado de los niños, rivales de los hombres en todos los trabajos, las mujeres adquieren dignidad y personalidad y todos los derechos reservados hasta ahora a los hombres” (p. 71-73).

En Fourier lo que importa son las pasiones, los deseos de cada persona, sin tenerse en cuenta los roles asignados socialmente a hombres y a mujeres. ¿Qué tanto puede importar el color de la piel y del cabello, si lo realmente importante es la pluralidad de deseos que forjan nuestro cuerpo y alma? Fourier tenía claro que la opresión y la subversión es general, por lo tanto no pretendía ser un libertador de su patria, sino que su propuesta pretendía extenderse a todo el mundo y a todas las personas.

Libertad  para el niño

Los planteamientos de Fourier son incluyentes al punto de que no solo tiene en cuenta a las mujeres, históricamente excluidas, y a otras razas, sino que da un lugar especial a los ancianos, y principalmente a los niños, niñas y adolescentes, a quienes asigna tareas sin las que la sociedad falansteriana no podría funcionar (Armand y Maublanc, 1996. Pp. 117-118).

Fourier consideraba que existen tres sexos: masculino, femenino y neutro, asignando este último a los niños y niñas. Se podría pensar que esta neutralidad es una ausencia de sentires, de deseos en el niño, pero no es así. La neutralidad que propone Fourier es una neutralidad que culmina en una ambivalencia, en una educación del ser –más allá del rol de la mujer o del hombre- según las pasiones que surjan en cada sujeto.

La educación tiende a tres resultados: desarrollar plenamente todas las facultades corporales, pasionales, e intelectuales del niño; incorporar a la infancia en el sistema de la producción seriada; hacer jugar a los niños el papel de entrenador de toda la población.  (p. 121)

La educación sería impartida por ancianos, o por cualquier persona con atracción hacia el trabajo de educador, o por otros niños mayores que servirían de modelos o de ejemplo. Ninguna relación entre preceptor y estudiante sería obligatoria. “Es en efecto una liga de simpatía libre la que une al alumno con el maestro y al maestro con el alumno” (p. 122). Fourier está convencido de que la pasión de la imitación o de la emulación, propia de los niños, es el principal elemento de la educación en armonía, ya que al verse éstos motivados por las recompensas esperadas, se duplicarían los deseos de aprender.

La genialidad de Fourier lo lleva a estructurar un plan de educación para niños y niñas, el cual, según él, sería la forma idónea para iniciar a los pequeños falansterianos en la vida pasional y científica, entrenándolos de manera práctica y teórica, pretendiendo educar tanto el cuerpo como el alma. Este plan tiene funciones compuestas, pues no solo pretende educar al niño intelectualmente, sino que sería una educación del cuerpo, según los derroteros que las pasiones indiquen, que posibilitaría entrenar y aprender en la práctica.

En el libro Valor educativo de la ópera y la cocina (2008) se puede notar la ritualidad que acompaña cada actividad de educación y cada actividad laboral de los niños en el falansterio. La ópera y la cocina serían las dos grandes bases del régimen educativo de Fourier, pero este sistema es más complejo de lo que parece a simple vista. Entre los elementos de la ópera incluye siete actividades básicas: el canto, el aprendizaje de instrumentos musicales, el baile, la gimnasia, la poesía, el gesto (lo que es equivalente a teatro, específicamente a la comedia), la pintura y la mecánica. Mientras que en los elementos de la cocina incluye Fourier el arte del cultivo, el arte de la conservación de lo cultivado, la cocina, y la gastronomía (asignando a esta última cualidades como el conocimiento de la influencia de la alimentación en otros aspectos de la  vida). El hecho de que el ser humano conozca las cuatro ramas de la cocina, y que sepa componerlas entre sí, es lo que le permitiría ser conocedor de la gastrosofía, el régimen que permitiría al hombre “elevar el sentido del gusto hasta la sabiduría” (p. 30).

Las siete ramas de la ópera  y las cuatro ramas de la cocina deben actuar articuladamente, y ellas serían garantes de una educación integral de los pequeños falansterianos.  En la práctica cada niño irá demostrando habilidades y preferencias específicas por unas actividades más que por otros, lo cual se constituiría como un autoconocimiento de las pasiones y gustos dominantes. La estética es parte elemental de la propuesta fourierista, pues en cada una de las actividades realizadas está la atracción como motivo mediador. La mayor importancia de la propuesta de Fourier es que deja de lado los modelos tradicionalistas de educación, según los cuales el niño está completamente supeditado a la autoridad y a la sabiduría del maestro: ahora el verdadero protagonista de la educación es el niño orientado la atracción apasionada.

La propuesta educativa de Fourier lleva consigo la inclusión de niños y niñas en todos los grupos (sin distinción de sexos ni edades), lo cual permite que se forje una ambivalencia que resulta muy productiva para el individuo. “Lo ambiguo no debe superarse para disolverse en un sentido pleno y único, lo ambiguo debe permanecer como resorte para que todas las voluptuosidades pasionales se armonicen”. (Fourier, 1974, p. 13).

La mezcla de deseos y de gustos, o en palabras de Fourier la composición  pasional que está presente en la educación, ocurre al no haber especificaciones en los roles que debería ejercer cada uno. El panfleto revolucionario La pedagogía pervertida, de René Schérer, ofrece pautas para comprender diferentes aspectos de la filosofía fourierista, por ejemplo, que su propuesta es contraria a lo que se encuentra en civilización, donde desde antes del nacimiento cada persona se ve sometida, expuesta a imposiciones que desde siempre están actuando en la asignación de características que se muestran como cánones o estandartes a los cuales dirigirse. “El convencer al niño de que es exclusivamente un niño (hombre en potencia), a la niña de que es niña (poseedora de la feminidad) y nada más que eso, se nos presenta como la primera perversión o subversión que pone en práctica el educador civilizado”. (1983, p. 79)

Al lado de la llamada civilización, la propuesta falansteriana de Fourier implica un nuevo modelo de organización donde  la educación toma un papel central, ya que será la encargada de establecer relaciones y funciones donde las actividades realizadas se hagan por atracción individual, de acuerdo con los deseos hacia la labor que cada uno quisiera desempeñar, o en términos del autor, por atracción pasional, sin tener en cuenta la dicotomía niño-niña respecto de lo señalado como destino en civilización.

La mezcla de niños y niñas en los mismos grupos es posible sin insinuación de modelos, o como diría Schérer, “no se embrutece al niño desde los primeros años, haciéndolo imaginar como futuro papá o futura mamá. Nada de muñecas ni de hogares solitarios” (p. 78). No hay una predeterminación en los roles futuros, aunque sí diferencia en cuanto a formas de ser y de actuar, pero sin proponerle un solo camino al niño, marcado por el rol de ir hacia la familia burguesa.

En este sentido, es necesario decir que las sociedades contemporáneas siempre presentan al niño como un ser inacabado, incompleto, que no es en sí mismo, sino que es un proyecto en formación. Schérer ayuda a reconocer que en el pensamiento de Fourier es completamente diferente. El niño es un ser por sí mismo, en sí mismo. El niño es una persona indispensable, completamente necesario para el proyecto de sociedad que se pretenda proponer.

Conclusiones

La principal intención de este trabajo ha sido mostrar que a pesar de que Charles Fourier fue un economista, muchas de sus premisas importan a la filosofía política por el hecho de que invitan a reconsiderar la forma como las personas se relacionan con sus cuerpos, como se relacionan con otras personas, y se relacionan con el resto del mundo. La intención ha sido mostrar que el pensamiento de Fourier está caracterizado por una originalidad que inicia justamente en el momento en que empieza la construcción de su propuesta política y filosófica sin prejuicios, sin tener en cuenta la moral tradicional, ni las premisas de la filosofía que le antecedía, que estaba cargada de dogmatismo tanto cristiano como positivista.

La propuesta fourierista es una filosofía original porque parte de una psicología que pretende llevar al individuo a la satisfacción total, para que movido éste sus por pasiones se disponga a hacer aportes a la colectividad. La propuesta societaria de Fourier toma como eje la psicología, partiendo de la diversidad y pluralidad de cosmovisiones, de caracteres, de personalidades y de formas de ser.

El pensamiento de Fourier es un ataque a la “civilización”, a la moral, al sistema económico que le quita la atracción al trabajo, y que nos condena a la infelicidad. Es un pensamiento revolucionario porque –aunque él mismo no pretenda una revolución violenta, como la revolución del proletariado planteada por Marx- en sus teorías se encuentran premisas que revolucionan las bases de la cultura, de la religión, de la familia y de la moral. Desde abrir posibilidades laborales y pasionales a la mujer, pasando por la propuesta de libertad de educación en la niñez, hasta la nueva forma de organización que deja de lado la familia heterosexual, se puede evidenciar la revolucionaria propuesta del pensador de las pasiones.

Como ya se ha visto, en el sistema de Fourier el trabajo es parte fundamental y requisito indispensable para que una persona pueda ser feliz. El trabajo en el falansterio tendrá la facultad de ser parte activa de la felicidad de las personas, ya que siempre se trabajará bajo la influencia de las pasiones, en trabajos que sean del gusto de quien lo realiza, y estructurado de manera tal que ningún empleo dure más de dos horas, lo que ofrece la posibilidad de una pluralidad de actividades en un mismo día, elegidas únicamente por la persona que se siente atraída pasionalmente por la labor.

Finalmente hay que decir que en la propuesta de Fourier los cuerpos son orientados por movimientos estéticos, de hecho es una propuesta política que logra asirse fuertemente a la psicología, a la ética y a la estética, pues Fourier parte de unas pasiones diferentes en cada  individuo, para analizar la forma como éstas se manifiestan en la praxis social, pero teniendo como base siempre la ritualidad que acompaña y motiva cada acción. Las propuestas de Fourier son realizables si se inicia con una liberación de las restricciones impuestas al cuerpo, de manera tal que esté dispuesto al disfrute y a permitir que las pasiones se muevan en él.

Fourier toma como eje la psicología porque lo primero que tiene en cuenta es la forma como las pasiones actúan en cada individuo, y se fundamenta en la estética desde el momento en que estructura su plan concibiendo al ser humano como sujeto deseante, como un ser que tiene la posibilidad de ver en su cuerpo una estructura pasional en funcionamiento.

La estética invade cada espacio de la propuesta de Fourier, desde la arquitectura hasta lo laboral, atravesando todas las formas de relaciones que se establecen pasionalmente en el falansterio. Es de esta manera que se posibilitaría el posterior estado de armonía, compuesto por un amplio teclado pasional en movimiento. Esa sería la gran premisa de Fourier: posibilitar que los seres humanos vivieran en concordancia con la atracción apasionada, y justamente ese sería el motivo por el que muchos de sus lectores no lo tomarían como un pensador serio.

Es urgente que la filosofía en la actualidad sirva como arma de defensa frente al capitalismo global, que permita seguir reflexionando sobre las formas en que aliena, para construir desde las pasiones un cambio de subjetividad en cada individuo, una implementación de estrategias que lleven a escapar de la imposición de normas limitantes, que tengan como meta y como resultado un proceso de apropiación de los cuerpos, de autonomía sobre la vida, para así realizar cambios desde lo individual, cambios que lleven a actuar por atracción apasionada, a experimentar el movimiento del flujo pasional.

Fourier no propone que el sujeto y la sociedad dejen de vivir con valores, lo que propone es una reconstrucción de la moral, dejando de lado los principios que son impuestos por todo un sistema dominante, que actúa mediante la religión, la escuela, el aparato jurídico, etc., sin beneficio alguno para el desarrollo del ser.  Cada persona tiene la posibilidad de pensar el mundo, de realizar una construcción personal de valores que redunde en beneficios personales y para las colectividades. Es necesario tener en cuenta que las condiciones actuales son limitantes y dañinas para el sujeto: desde el momento del nacimiento, en una familia que inculca valores y roles que contrarían las pasiones del individuo.

Hay que retomar la filosofía de Fourier, una “filosofía de la felicidad”, una filosofía que define la felicidad como “satisfacción de nuestros sentidos, placer, expansión de nuestra personalidad”. (p. 19). Cada individuo, en la filosofía de Fourier, está invitado a emanciparse, a tener libertad de pensar, de vivenciar y de expresarse. De nuestra parte, debemos retomar los postulados de Fourier que nos invitan a dejar lado las limitaciones externas, del trabajo, de la religión, de la familia, del Estado, etc.


Lista de Referencias

Armand, F. & Maublanc R. (1996). Fourier. México D.F., Fondo de Cultura Económica.

Engels, F. (2003). La revolución de la ciencia de Eugenio Dühring (“Anti-Dühring”). Moscú, Ediciones Bandeja Roja.

Fourier, Ch. (1974). Teoría de los cuatro movimientos. Barcelona, Barral editores.

Fourier, Ch. (2008). Valor educativo de la ópera y la cocina. Gijón, Ediciones TREA

Schérer, R. (1983). La pedagogía pervertida. Barcelona, Editorial Laertes S.A.,


©  Jair Alex España Galan

 

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